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Aprender a compartir: claves para que los niños de preescolar convivan y resuelvan conflictos

21 sept
6 min de lectura

Actualizado: 22 sept


“¡Es mío!”

“¡Yo lo tenía primero!”

“¡No te lo voy a prestar!”


Si tienes un niño de preescolar, probablemente hayas escuchado alguna de estas frases. Y aunque pueden resultar agotadoras cuando se repiten, los conflictos por juguetes, turnos y materiales forman parte de muchas experiencias cotidianas durante esta etapa.


Aprender a compartir, esperar, negociar y resolver desacuerdos no ocurre de un día para otro. Son habilidades sociales que los niños van desarrollando con la maduración, las experiencias de convivencia y el acompañamiento de los adultos.

Por eso, cuando tu hijo no quiere compartir, la pregunta no tiene que ser solamente “¿cómo consigo que comparta?”, sino también:

“¿Qué habilidades necesita aprender para convivir con los demás?”


Compartir también se aprende


Para un adulto puede parecer sencillo decir: “Préstale el juguete, después te lo devuelve”.

Para un niño pequeño, la situación puede ser mucho más compleja.

Tiene que comprender que otra persona también tiene deseos, tolerar que algo que quiere no esté disponible inmediatamente, esperar un turno, expresar lo que necesita y confiar en que tendrá nuevamente acceso al objeto.

Estas capacidades están relacionadas con el desarrollo social y emocional y con la autorregulación, habilidades que todavía están en construcción durante los años de preescolar.


La National Association for the Education of Young Children (NAEYC) señala que los niños pequeños necesitan oportunidades y acompañamiento para desarrollar relaciones positivas con sus compañeros, aprender a compartir y turnarse, expresar sus emociones y resolver conflictos.

Por eso, esperar que un niño pequeño resuelva todos sus conflictos de manera autónoma puede ser poco realista.


¿Por qué mi hijo no quiere compartir?


Antes de corregir una conducta, puede ser útil observar qué está ocurriendo.

Quizá el juguete sea especialmente importante para él.

Tal vez acaba de llegar a un lugar nuevo y todavía necesita sentirse seguro.

Puede que no sepa cómo pedir un turno.

O simplemente todavía no cuenta con las herramientas lingüísticas y emocionales necesarias para negociar.

Esto no significa que debamos permitir golpes, empujones o que un niño quite objetos constantemente. Significa que podemos establecer límites mientras enseñamos una alternativa.

La diferencia es importante: poner un límite no es lo mismo que castigar una emoción.

Podemos decir: “Sé que quieres el camión. No voy a dejar que se lo quites a tu compañero. Vamos a pensar cómo puedes pedir un turno.”

De esta manera, el adulto protege el límite y, al mismo tiempo, enseña una habilidad.


No se trata de obligarlo a compartir todo


Uno de los primeros pasos es entender que compartir no significa que el niño tenga que entregar inmediatamente cualquier objeto que esté utilizando.

También necesita aprender a tener pertenencias, respetar las de los demás y comprender los turnos.

En casa pueden existir objetos personales que no tiene obligación de prestar.

En cambio, cuando se trata de un juego compartido, podemos enseñar conceptos como:

  • “Ahora es tu turno.”

  • “Después será el turno de tu hermano.”

  • “Vamos a esperar.”

  • “Puedes pedirlo cuando termine.”

  • “¿Qué podemos hacer mientras esperamos?”

Así, compartir se convierte en una experiencia de reciprocidad y no simplemente en obedecer la orden de “darlo”.


Cómo enseñar a compartir a los niños de preescolar


1. Empieza con turnos pequeños

No necesitas comenzar con situaciones difíciles.

Pueden practicar con juegos sencillos:

“Ahora yo pongo una pieza y después tú.”

“Primero eliges tú el cuento y después yo.”

“Una vuelta tú y una vuelta yo.”

El objetivo es que el niño experimente repetidamente cómo funciona un turno.


2. Dale palabras para resolver conflictos

Durante una discusión, un niño puede saber perfectamente lo que quiere pero no saber cómo expresarlo.

Puedes enseñarle frases cortas:

  • “¿Me lo prestas cuando termines?”

  • “Ahora es mi turno.”

  • “Yo también quiero jugar.”

  • “No me gusta eso.”

  • “¿Podemos hacerlo juntos?”

  • “Necesito ayuda.”

No esperes que las utilice perfectamente desde el principio. La repetición cotidiana es parte del aprendizaje.

La NAEYC destaca precisamente la importancia de ayudar a los niños a identificar sus sentimientos, comunicarse y participar en la búsqueda de soluciones durante los conflictos.


3. Ayúdalo a identificar lo que siente

En lugar de decir solamente:

“¡No seas enojón!”

Puedes poner palabras a lo que observas:

“Te enojaste porque querías ese juguete.”

“Estás frustrado porque todavía no es tu turno.”

“Querías seguir jugando y ahora tienes que esperar.”

Nombrar las emociones no elimina automáticamente la frustración, pero ayuda al niño a comenzar a reconocer lo que ocurre dentro de él.

La Harvard Center on the Developing Child explica que las interacciones sensibles y receptivas entre los niños y los adultos que los cuidan contribuyen al desarrollo de habilidades sociales y cognitivas.


¿Qué hacer cuando dos niños se pelean por un juguete?


Cuando el conflicto ya comenzó, primero debemos garantizar la seguridad.

Si hay golpes, mordidas, empujones o riesgo de que alguien resulte lastimado, el adulto debe intervenir.

Después podemos ayudar a los niños a comprender lo ocurrido.

Una estrategia sencilla puede ser:

1. Detener:“No voy a dejar que se golpeen.”

2. Reconocer:“Los dos quieren el mismo juguete.”

3. Escuchar:“Cuéntame qué pasó.”

4. Buscar opciones:“¿Qué podemos hacer para que los dos puedan jugar?”

5. Acompañar la solución:“Podemos usar un turno cada uno, buscar otro material o jugar juntos.”

La NAEYC propone un papel del adulto como mediador: ayudar a los niños a desarrollar las habilidades de autorregulación y lenguaje necesarias para enfrentar los conflictos, en lugar de limitarse a castigar la conducta.


Enseñar a resolver conflictos en lugar de buscar culpables


Cuando dos niños discuten, es fácil preguntar:

“¿Quién empezó?”

Pero esa pregunta no siempre ayuda a solucionar el problema.

En muchas situaciones, ambos niños están aprendiendo y necesitan diferentes apoyos.

Podemos cambiar la pregunta por:

“¿Qué pasó?”

“¿Cómo se sintió cada uno?”

“¿Qué necesitamos hacer ahora?”

“¿Qué podemos hacer diferente la próxima vez?”

Esto permite pasar de una lógica de culpables a una lógica de aprendizaje.

Resolver conflictos no significa conseguir que todos terminen completamente satisfechos. Algunas veces significa aprender a esperar, aceptar un límite, reparar una acción o encontrar una alternativa.


La empatía se construye en situaciones cotidianas


Decirle a un niño “tienes que ser empático” probablemente no le enseñará cómo hacerlo. Es mucho más útil aprovechar situaciones concretas.

Por ejemplo:

“Observa su cara. Parece que está triste.”

“¿Qué crees que sintió cuando le quitaste el juguete?”

“¿Qué podríamos hacer para ayudarlo?”

También podemos hablar sobre personajes de cuentos:

“¿Cómo crees que se sintió?”

“¿Qué necesitaba?”

“¿Qué podría haber hecho?”

La Harvard Graduate School of Education señala que incluso desde preescolar pueden enseñarse estrategias sencillas relacionadas con compartir, tomar turnos y resolver conflictos.


¿Qué podemos practicar en casa?


La convivencia familiar ofrece muchas oportunidades para desarrollar estas habilidades.


Juegos de mesa sencillos

Los juegos que requieren turnarse ayudan a practicar:

  • Esperar.

  • Seguir reglas.

  • Tolerar que otra persona gane.

  • Manejar la frustración.

  • Volver a intentarlo.


Cocinar juntos

Preparar una receta sencilla puede convertirse en una actividad colaborativa:

“Tú mezclas y yo agrego.”

“Ahora es mi turno y después será el tuyo.”


Construir juntos

Armar una torre, un rompecabezas o una construcción permite practicar cooperación:

“¿Qué podemos construir entre los dos?”

“¿Qué pieza necesitas?”

“¿Cómo podemos hacerlo juntos?”


Resolver pequeños desacuerdos

No es necesario intervenir inmediatamente en cada diferencia entre hermanos o compañeros.

Si todos están seguros, puedes observar unos momentos y valorar si necesitan ayuda o si están empezando a encontrar una solución.

Cuando intervengas, intenta acompañar el proceso en lugar de resolverlo todo por ellos.


Frases que pueden ayudar


En momentos de conflicto, tener algunas frases preparadas puede facilitar mucho la intervención.


En lugar de:

“¡Comparte!”

Puedes decir:

“Puedes pedir un turno.”


En lugar de:

“¡No seas egoísta!”

Puedes decir:

“Veo que quieres seguir jugando. Vamos a pensar qué podemos hacer.”


En lugar de:

“¡Deja de pelear!”

Puedes decir:

“Los dos están molestos. Vamos a detenernos y buscar una solución.”


En lugar de:

“Pídele perdón.”

Puedes decir:

“¿Qué puedes hacer para reparar lo que ocurrió?”


Estas pequeñas modificaciones cambian el objetivo: ya no se trata solamente de conseguir obediencia, sino de ayudar al niño a desarrollar recursos para futuras situaciones.


Cuando compartir se vuelve una habilidad para toda la vida


Aprender a compartir no consiste únicamente en prestar un juguete.

Detrás de esta habilidad hay aprendizajes mucho más amplios: esperar, escuchar, expresar necesidades, reconocer emociones, respetar límites, negociar y considerar que otras personas también tienen deseos.

Por eso, los conflictos cotidianos del preescolar pueden convertirse en oportunidades de aprendizaje.


La NAEYC recomienda que los adultos creen ambientes donde los niños puedan desarrollar relaciones positivas, expresar sus emociones y aprender estrategias para resolver conflictos de manera constructiva.

No necesitamos esperar que un niño pequeño se comporte como un adulto para enseñarle a convivir.

Necesitamos acompañarlo mientras aprende.


Conclusión: convivir también es aprender


Si tu hijo no quiere compartir, no significa necesariamente que sea egoísta, poco empático o que tenga un problema de conducta. En muchos casos, simplemente está aprendiendo una habilidad que requiere práctica, lenguaje, autorregulación y acompañamiento.

En lugar de exigir que resuelva todos sus conflictos solo, podemos enseñarle poco a poco a pedir un turno, expresar lo que siente, escuchar a los demás y buscar soluciones.

Y quizá uno de los aprendizajes más importantes sea este: los conflictos no siempre son algo que debemos evitar; también pueden convertirse en oportunidades para aprender a convivir.


Si este artículo te fue útil, compártelo con otras familias que estén acompañando a sus hijos en esta etapa. Y cuéntanos: ¿qué situación de convivencia resulta más desafiante para tu hijo en casa o en el preescolar?


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