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¿Cómo enseñar respeto a los niños de preescolar? Claves para aprender a escuchar, convivir y poner límites

5 oct
8 min de lectura

“¡Respeta/Respétame!”

Es una frase que los adultos podemos decir con facilidad, pero para un niño de preescolar el concepto de respeto todavía es algo que necesita aprender y experimentar.


A los 3, 4, 5 o 6 años, los niños están desarrollando habilidades importantes para convivir con otras personas: aprender a esperar un turno, escuchar, expresar lo que sienten, reconocer los límites de los demás, cuidar sus pertenencias y resolver desacuerdos sin lastimar.


Por eso, enseñar respeto a los niños de preescolar no consiste solamente en pedirles que sean educados o que obedezcan. Se trata de ayudarlos a comprender, mediante experiencias cotidianas, cómo sus acciones afectan a otras personas y cómo pueden relacionarse con ellas de una manera considerada y segura.


El respeto se aprende a través de las relaciones cotidianas


Un niño pequeño no aprende el respeto únicamente porque un adulto le explique qué significa.

Lo aprende cuando vive relaciones en las que es escuchado, cuando observa cómo los adultos se hablan entre sí, cuando sus límites son tomados en cuenta y cuando recibe orientación sobre cómo tratar a los demás.


El Center on the Developing Child de Harvard explica que las interacciones receptivas y de ida y vuelta entre los niños y los adultos que los cuidan contribuyen al desarrollo de habilidades sociales y emocionales. Estas relaciones proporcionan una base importante para el aprendizaje y el desarrollo.

Por eso, una de las primeras preguntas que podemos hacernos como adultos es:

¿Estamos enseñando respeto solamente con nuestras palabras o también con la manera en que tratamos a nuestros hijos y a las demás personas?

Los niños observan mucho más de lo que parece.


Si queremos que aprendan a escuchar, necesitamos escucharlos. Si queremos que hablen sin agredir, necesitan experimentar formas respetuosas de comunicación. Si queremos que respeten los límites de otras personas, también necesitan aprender que sus propios límites importan.


¿Qué significa el respeto para un niño de preescolar?


Para un adulto, “respetar” puede parecer un concepto muy claro. Para un niño pequeño necesitamos convertirlo en acciones concretas.

En la vida cotidiana, aprender respeto puede significar:


  • Escuchar cuando otra persona está hablando.

  • Esperar un turno para participar.

  • Pedir las cosas en lugar de quitarlas.

  • Cuidar los juguetes y materiales que comparte con otros.

  • Respetar el espacio personal.

  • Utilizar palabras que no lastimen.

  • Aprender que no está permitido pegar, empujar o morder.

  • Aceptar que otra persona puede pensar o querer algo diferente.

  • Pedir permiso antes de tocar a alguien.

  • Aprender a aceptar un “no”.

  • Reconocer cuando una acción lastimó a otra persona.

  • Buscar una manera de reparar el daño.

Estas habilidades no aparecen todas al mismo tiempo. Forman parte de un proceso de desarrollo y requieren práctica.


La American Academy of Pediatrics señala que durante los años de preescolar los niños continúan aprendiendo a comprender cómo sus acciones afectan a otras personas y necesitan límites claros y consistentes mientras desarrollan conductas apropiadas.


Enseñar respeto no significa exigir obediencia en todo momento


Es importante hacer una distinción.

Un niño que obedece inmediatamente todas las instrucciones no necesariamente ha comprendido el respeto.

El respeto implica también aprender a convivir, reconocer límites y considerar a otras personas. Por ejemplo, si un niño no quiere saludar de beso a un familiar, podemos enseñarle que debe saludar de alguna manera, pero no necesariamente obligarlo a establecer contacto físico.

Puede decir:

“Hola”.

Puede saludar con la mano.

Puede chocar los cinco.

Puede sonreír.


La American Academy of Pediatrics recomienda no obligar a los niños a dar besos o abrazos y enseñarles que pueden establecer límites respecto al contacto físico. También señala la importancia de enseñarles a pedir permiso antes de tocar a otra persona.

Esto permite transmitir un mensaje muy valioso:

“Tu cuerpo merece respeto y el cuerpo de los demás también.”


7 maneras de enseñar respeto a los niños de preescolar


1. Enséñale a escuchar

Escuchar no significa que un niño deba permanecer perfectamente quieto mientras un adulto habla. A esta edad, la atención todavía está desarrollándose y puede variar según la situación.

Podemos empezar con acciones sencillas:

“Espera, déjame terminar y después me cuentas.”

“Ahora escucha a tu compañero y después será tu turno.”

“Vamos a mirar a quien está hablando.”

Cuando un adulto escucha realmente al niño, también le está mostrando cómo funciona una conversación respetuosa.

Las interacciones de ida y vuelta entre adultos y niños son precisamente una parte importante del desarrollo de habilidades sociales y de comunicación, de acuerdo con Harvard Center on the Developing Child.


2. Practiquen los turnos

Esperar no siempre es fácil para un niño pequeño. Puede querer el mismo juguete que tiene otro niño o querer ser el primero en participar.

En lugar de limitarse a decir “¡espera!”, podemos ayudarlo a comprender qué significa esperar:

“Ahora es el turno de Ana. Después será el tuyo.”

“Puedes esperar aquí conmigo.”

“Cuando termine, podrás utilizarlo.”

Los juegos de mesa sencillos, las actividades de construcción y hasta cocinar juntos pueden convertirse en oportunidades para practicar turnos.

No necesitamos convertirlo en una clase formal de valores. La convivencia cotidiana es el espacio donde estas habilidades se ejercitan.


3. Enséñale a pedir en lugar de quitar

Cuando un niño toma un juguete de las manos de otro, podemos detener la conducta y enseñarle una alternativa.

En lugar de:

“¡No seas grosero!”

Podemos decir:

“No voy a dejar que se lo quites. Puedes pedirle un turno.”

Y ayudarlo a formular:

“¿Me lo prestas cuando termines?”

Esta estrategia combina dos cosas importantes: un límite claro y una herramienta para resolver la situación. El objetivo no es solamente impedir una conducta, sino enseñar qué puede hacer el niño la próxima vez.


4. Habla sobre las emociones de los demás

El respeto también está relacionado con comenzar a reconocer que las demás personas tienen sentimientos.

Después de una situación cotidiana podemos preguntar:

“¿Cómo crees que se sintió cuando le quitaste el juguete?”

“¿Qué crees que sintió tu compañero cuando lo empujaste?”

“¿Qué podríamos hacer para ayudarlo?”


No se trata de avergonzar al niño ni de etiquetarlo como “malo”.

Se trata de ayudarlo a conectar una acción con sus consecuencias.

Y esto puede hacerse también durante cuentos, películas o juegos:

“¿Cómo crees que se siente este personaje?”

“¿Qué podría hacer?”

“¿Qué necesitaría de su amigo?”

Estas conversaciones permiten practicar el reconocimiento de emociones dentro de un contexto seguro.


El respeto también incluye respetarse a uno mismo


Cuando hablamos de enseñar respeto, es fácil concentrarnos exclusivamente en “respetar a los demás”. Pero los niños también necesitan aprender a reconocer sus propios límites.

Por ejemplo:

“Puedes decir que no quieres un abrazo.”

“Puedes decir que necesitas espacio.”

“Si alguien te hace sentir incómodo, puedes alejarte y pedir ayuda.”

Esto no significa que un niño pueda hacer siempre lo que quiera. Los adultos siguen siendo responsables de establecer límites relacionados con la seguridad y la convivencia. Significa que podemos enseñar simultáneamente dos ideas:

“Los demás tienen límites que debemos respetar.”

y

“Tú también tienes límites que los demás deben respetar.”


La American Academy of Pediatrics recomienda comenzar a enseñar durante la infancia conceptos de autonomía corporal y límites relacionados con el contacto físico.


¿Qué hacer cuando mi hijo grita, pega o falta al respeto?


Los niños pequeños pueden tener comportamientos que no son respetuosos, especialmente cuando están cansados, frustrados, enojados o todavía no saben expresar lo que necesitan.

En esos momentos, el adulto debe establecer el límite.

Por ejemplo:

“Estás muy enojado, pero no voy a dejar que pegues.”

“No voy a permitir que lastimes a tu hermano.”

“Puedes decir que estás enojado. No puedes golpear.”

Después, cuando la situación se haya calmado, podemos ayudarlo a pensar en otra manera de actuar.


La AAP recomienda reconocer las emociones de los niños, pero establecer límites claros frente a conductas como lastimar a otras personas o romper objetos.

Esto es importante porque validar una emoción no significa aprobar cualquier conducta.


Un niño puede estar muy enojado.

Puede sentirse frustrado.

Puede no estar de acuerdo.

Puede llorar.

Pero necesita aprender que ninguna de esas emociones justifica lastimar a otra persona.


Frases que ayudan a enseñar respeto


En momentos cotidianos, algunas frases concretas pueden ser más útiles que largas explicaciones.


En lugar de:

“¡Compórtate!”

Podemos decir:

“Habla con una voz que los demás puedan escuchar.”


En lugar de:

“¡No seas egoísta!”

Podemos decir:

“Tu compañero también quiere jugar. Vamos a pensar cómo pueden turnarse.”


En lugar de:

“¡No seas grosero!”

Podemos decir:

“Puedes decir que no estás de acuerdo sin gritar.”


En lugar de:

“¡Pide perdón ahora mismo!”

Podemos decir:

“Lo que hiciste lo lastimó. Pensemos cómo puedes repararlo.”


En lugar de:

“¡Respeta a los mayores!”

Podemos decir:

“Cuando alguien está hablando, esperamos nuestro turno para hablar.”


Mientras más concreto sea el mensaje, más fácil será para un niño pequeño comprender qué conducta esperamos de él.


El ejemplo de los adultos también educa


Los niños aprenden observando.

Esto significa que las situaciones familiares cotidianas pueden convertirse en oportunidades para mostrar respeto:

  • Pedir las cosas en lugar de exigirlas.

  • Disculparse cuando cometemos un error.

  • Escuchar las opiniones de los demás.

  • Evitar burlarnos de otras personas.

  • Respetar el espacio personal.

  • Hablar de nuestras emociones sin agredir.

  • Cumplir los acuerdos familiares.


También podemos hacer algo muy poderoso: reconocer nuestros propios errores frente a los niños.

Por ejemplo:

“Te interrumpí mientras hablabas. Perdón. Ahora sí quiero escucharte.”

Con una frase así, el adulto no pierde autoridad. Por el contrario, muestra que el respeto también implica reconocer cuando nos equivocamos y reparar.


Las relaciones receptivas y consistentes entre niños y adultos constituyen una base importante para el desarrollo social y emocional, de acuerdo con el Center on the Developing Child de Harvard.


Respeto en casa y respeto en el preescolar: un aprendizaje compartido


La familia y la escuela cumplen funciones diferentes, pero pueden reforzar mensajes similares.


En el preescolar, los niños tienen numerosas oportunidades para practicar:

  • Escuchar a sus compañeros.

  • Esperar turnos.

  • Compartir espacios.

  • Cuidar materiales.

  • Seguir acuerdos del grupo.

  • Resolver desacuerdos.

  • Pedir ayuda.

  • Expresar emociones.


En casa, las mismas habilidades pueden practicarse durante el juego, las comidas, las conversaciones familiares y las actividades cotidianas.

Por eso es útil que familia y escuela mantengan una comunicación cercana cuando existe alguna dificultad de convivencia.


No se trata de que todos utilicen exactamente las mismas palabras, sino de que el niño reciba mensajes coherentes:

“Tus emociones importan.”

“Los demás también tienen emociones.”

“Tus límites importan.”

“Los límites de los demás también importan.”

“Puedes expresar lo que necesitas sin lastimar.”


El respeto se construye todos los días


Enseñar respeto a los niños de preescolar no es una tarea que se resuelva con una conversación. Es un aprendizaje cotidiano.

Está en cómo pedimos un juguete, cómo esperamos un turno, cómo reaccionamos cuando alguien piensa diferente, cómo ponemos un límite, cómo reparamos después de equivocarnos y cómo tratamos a los demás cuando estamos cansados o molestos.


Y quizá uno de los aprendizajes más importantes sea que respetar no significa dejar de expresar lo que sentimos o queremos.

Un niño puede estar en desacuerdo y expresarlo.

Puede decir que no.

Puede sentirse enojado.

Puede pedir espacio.

Puede defender algo que considera importante.

Lo que necesita aprender es cómo hacerlo de una manera que cuide su bienestar y el de quienes lo rodean.


Conclusión: enseñar respeto es enseñar a convivir


El respeto no aparece de manera automática ni se aprende solamente escuchando una instrucción. Durante los años de preescolar, los niños necesitan oportunidades concretas para practicarlo y adultos que puedan acompañarlos mientras aprenden.


Escuchar, esperar, pedir, poner límites, reconocer emociones, cuidar a los demás y reparar cuando hacemos daño son pequeñas acciones que, repetidas todos los días, ayudan a construir una convivencia más respetuosa.


Por eso, la próxima vez que tengas que decirle a tu hijo “respeta”, puedes preguntarte también:

¿Qué habilidad específica necesita aprender en este momento?

Quizá necesita aprender a esperar.

Quizá necesita encontrar las palabras para expresar su enojo.

Quizá necesita comprender que el cuerpo de otra persona tiene límites.

O quizá necesita que un adulto le muestre, con su propio ejemplo, cómo se puede estar en desacuerdo sin dejar de tratar al otro con respeto.

Porque el respeto no se enseña solamente con palabras: se construye en las relaciones que los niños viven todos los días.


Si este artículo te resultó útil, compártelo con otras familias que estén acompañando a sus hijos en esta etapa. Y cuéntanos: ¿qué situación cotidiana te ha ayudado más a enseñar respeto a tu hijo?


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